Ghost, la sombra de Mc fly.
Desde que tengo uso de razón, recuerdo escuchar a todo tipo de gente fantasear sobre la posibilidad de ser un fantasma o una mosquita para meterse en lugares sin ser advertido y así poder escuchar conversaciones ajenas, vengarse con sustos o molestias al torturador del momento o, simplemente, evitarse el esfuerzo de abrir las puertas.
Los más vanidosos, eso es una fija, siempre quieren ver quién fue y quién dejó de ir a sus velatorios, como si eso fuera signo de lealtad al finado. Hoy en día, se los puedo asegurar, he estado presente, se hacen más transacciones comerciales en un velorio que en una oficina del microcentro.
Aquellos que sufren por la muerte son los menos y, generalmente, no registran nada de lo que pasa a su alrededor, pero también están esos parientes satélites que ahí van, cuando el cuerpo todavía está caliente, para repartirse los bienes. Tampoco faltan los avispados del rubro inmobiliario que, al enterarse del deceso, se ponen la corbatita y corren con una libreta y un par de contratos prerredactados para poner en venta el hogar que pronto entrará en sucesión.
En casi todos los velatorios es así, pero en los nuestros, bah… en el mío, si hubiera existido, estoy segura de que nada de lo arriba descripto hubiera sucedido. Primero porque a las moscas no nos velan, morimos y ya. Además, no entendemos eso de la propiedad privada y el capitalismo salvaje, andamos por ahí posándonos donde se nos ocurre, sin pedir permiso y sin fijarnos si a alguien le molesta. Cuando nos aburrimos, nos vamos como llegamos.
Tampoco es que morimos «y ya». Parece ser que cuando algunas de nosotras morimos, tenemos como una plus vida o algo así.
Se comenta que como compensación por el invento del matamoscas, los aerosoles y la habilidad de algunos humanos para atraparnos con el repasador, la madre naturaleza nos regala una silenciosa revancha: cumplimos su sueño, nos convertimos en fantasmas.
Como podrán imaginar, no es gran cosa para una mosca, una no se impresiona con eso de tener acceso total a casi cualquier lado, y mucho menos a un velatorio, que últimamente cada vez están más llenos de flores artificiales.
Yo no pedí esto que algunas llaman milagro. Puedo parecer esnob, mis actividades no fueron la gran cosa, pero pienso que disfrutar ser un fantasma de mosca, es casi tan mediocre como aspirar a ser fantasma o mosca en vida y escuchar qué dice tu suegra cuando no estás.
Hay ciertas cosas que me hacen sospechar que la causa de mi fantasmidad no es una compensación por haber muerto aplastada contra la pared. Hay ciertas situaciones que, más que como un premio, las percibo como un castigo. Para empezar, he perdido los sentidos y ya no disfruto al revolotear sobre las cacas de Thompson, el perro que para en la puerta del bar, tampoco siento ese vértigo que me hacía aletear como loca cada vez que un humano intentaba espantarme, y eso… eso era el motor de mi vida.
Sé que mi devoción por la molestia sistemática no es justamente una práctica de buena convivencia entre especies, pero ¿qué quieren que les diga? It´s the flies way of life.
El otro día quise luchar contra la incorporeidad. La idea era pararme en la nariz de Octavio, el viejo resentido del bar. Ni mu, ni un sólo músculo movió el desgraciado. ¡Qué frustración!
Otra de las cosas que me perturban es que no se me ocurren más ideas para aprovechar este plus ultra que nunca pedí; hasta me fui al campo, a Córdoba. Aunque fui una mosca de ciudad había visto en la tele que las vacas se vuelven locas intentando espantarnos con la cola. Después de colarme en un camión llegué a destino. Y nada, esas sí que no dijeron ni mu.
Es como digo yo, que una tarde también entré a una escuela. Esto es como la matemática: Positivo, positivo, positivo. Positivo, negativo: Negativo.
El sueño, siniestro, del hombre de perdurar más allá de la vida y recién ahí hacer las cosas que no se animó cuando podía (+), otorgado a alguien que siempre pudo hacer lo que quería, pero nunca tuvo una inquietud (-), tiene un saldo negativo, o al menos para mí, que viví sin más aspiraciones que pasear entre las cacas de la vereda y molestar a uno que otro lector
Si dios le da pan al que no tiene dientes, como dicen por ahí… ¿por qué no me da unas alitas a mí, que ya perdí el olfato?
























