Estoy indignada con los de Personalmanía.
Si existía alguna gracia en inventar palabras, hacer conjugaciones inexistentes, crear verbos en base a sustantivos o adjetivos que no lo admitían, se debía justamente a que eran términos nuevos e inesperados, pero además sólo eran compartidos entre pocos, o muchos, pero en privado. Estos neologismos deambulaban de teclado en teclado o de voz en voz y causaban sensación por su inigualable capacidad semántica. Estaban fuera de la publicidad, de los medios masivos, del lugar común. Principalmente estaban fuera del diccionario y de las reglas de la lengua y por consiguiente, del sistema entero. No puedo decir hoy, que eso vaya a seguir existiendo.
No hablo de lunfardo ni de esa característica que tiene el idioma de ir mutando según las necesidades de la época, hablo de la inventiva, de la sorpresa, de la gracia y del humor. Porque cuando estas nuevas palabras, que rompen con lo esperado, entran en el habla general se desechan pues han perdido su razón de ser. No es elitismo, son términos con un ciclo que se cumple cuando pierden la gracia.
Seguramente Eco y otros amigos lingüistas tendrán la explicación y análisis sobre la generación cada vez más popular de nuevas palabras. Yo, solamente quiero decir que institucionalizar messengerear en carteles en la vía pública es una falta total de códigos.
A vos, creativo de mierda, ojalá cuando chatees con tu novia, sientas que morís un poco por dentro cada vez que le ponés “Bueno amor, ya messengereamos mucho, te dejo“.
Qué te haces el moderno, pistola? Hablá bien. Se dice “Usá messenger en tu celular”
Además si todos consumen todo, contra qué se van a rebelar los pendejos? O aquellos que se niegan a dejarse fagocitar por la vida impuesta y uniformada?
Déjense de joder! Están corriendo los límites hasta lugares insospechados. Todo está incluido en el sistema? ¿Todo? Ya no queda ni la más sana y gratuita de las rebeldías sin comercializar.