Sé que Deíctica está algo prolífera últimamente pero no se lo tomen en serio porque soy más inestable que la mierda.
Ayer fui a Alto Palermo y volví con ganas de llorar repitiendo mentalmente: SUDDENLY I´M AN OLD WOMAN. (no me pregunten por qué en inglés)Yo sé que la Parateens las leen las nenas chiquitas, que las teenagers parecen de 20, las de veintipico parecen de 16, las treintañeras parecemos de veintipico, las cuarentonas parecen de treinta y que las de cincuenta parecen de plástico pero esto ya es un quilombo.
Y, si bien salgo favorecida en este intercambio de apariencias, algo no me termina de cerrar.
Ayer tuve la desgracia de entrar a la meca del consumismo de esta ciudad y quedé horrorizada con la juventud que deambulaba por ahí. Es más: Cito sms: “Estoy jota horrorizada. Adolescentes androides, mujeres de plástico, vidrieras dadaistas y precios desorbitantes”
No ahondo mucho en la descripcion de mis congéneres porque no hay nada nuevo que decir. Desde los primeros tiempos, las mujeres mostramos la estupidez estética como carta de presentación, de identidad. Metemos la panza, usamos cinturones que nos cortan la respiración, delineadores que nos irritan los ojos, tratabillamos en botas infinitas, combinamos, o contrastamos ropa, nos ponemos teta, nos sacamos culo, nos teñimos el pelo, lo planchamos, le hacemos brushing, culaquier cosa. Nunca natural, siempre algo.
Desde que nos regalaron el primer Tammy aprendimos que debemos montarnos para ser mujer, y la cosa no tiene fin. Así nos despiden: con colorete en el féretro, para vernos lindas. (la hermana sobreviviente se encarga de esos detalles).
Los varones, en cambio, se vieron siempre menos invadidos por el adorno.
De década en década tal vez algún must en calzado o, como mucho, pasaron del escote en V al cuello redondo; pero nada demasiado impactante. El que se producía un poquitito de más siempre fue tildado de afeminado.
Ahora, los proyecto a hombre están peor que nosotras.
Hablan afectadísimos, se pegan el pelo a la cara,todo torcido como una máscara grasosa que les tapa los granitos, muestran la raya del culo con pantalones que, si quisieran, les permitirían llevar pañales debajo, miran vidrieras y compran como si fueran histeriquitas hormonales con tarjeta de crédito.
Está bien que ya no soy una adolescente y que me pasé casi todo el año encerrada, pero si las cosas siguen así, esto se va a la mierda.Yo me voy a la mierda.
Juro que salí deprimida. No sólo por tener frente a mis ojos un abismo generacional insalvable(del cual no quería hacerme demasiado cargo), sino porque a todo este descalabro no lo percibí como una tara momentánea y adolescente. No ví la luz del crecimiento.
Pude ver la proyección de esos mismos pelotuditos quince años después, ahí mismo caminándoles al lado. Claro… si el nivel de maduración es el mismo.
Conviven fotologgers fulltime con treintañeros patéticos y descerebrados, teñidos de cama solar, estereotipados, con las cejas depiladas, ostentando compras, abrazando gatos vip y mariconeando sin cesar. Eran producciones fotográficas vivientes! una atrocidad. Cero humanidad. Una desgracia.
Qué es esa paparruchada del hombre moderno?
Por dios! que los metrosexuales sean un invento del periodismo, no una realidad.
Y ya que lo femenino no tiene arreglo (fue, es y será igual) ayudemos a los hombres a no entrar en un viaje de ida. Impidamos que maten lo último de dignidad que les queda: Su apariencia masculina.
Cuando veamos alguno por favor, gritémosle: Eeeh! puto! qué te pusiste?